Por Alfonsina Storni
Septiembre. El duraznero, florecido, decora
las ventanas del cuarto. Las manos, de la madre
están blancas, exangües, y, sobre ellas, el padre
pone los labios buenos, tibios, y los demora...
Son jóvenes, son bellos y se aman. El niño
de diez días, desnudo, llora en el desaliño
de las telas nevadas y estampadas de flores.
Canarios de oro cantan bajo los corredores.
Es la siesta. La madre saca el seno jugoso,
blanco y suave. Trasiega su líquido preciosoa
la boca del dulce animalillo lerdo
que ejercita, al sorberlo, su delicia primera,
recogido en el brazo de amarillenta cera
que le ciñe la nuca. Yo miro y te recuerdo.
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viernes, 4 de junio de 2010
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